21 kilómetros

Y cuando abrió los ojos, sólo pudo admirar el paisaje que lo rodeaba. El Palacio de Bellas Artes se imponía majestuoso ante él y podía sentir la presencia de la Torre Latinoamericana a sus espaldas. Respiró profundamente tratando de llevar a su cuerpo la mayor cantidad de oxígeno posible. Al voltearse descubrió toda la multitud de gente que lo rodeaba. Los rostros mostraban excitación, impaciencia, emoción y en algunos, pudo observar algo de miedo e incertidumbre.

Fue entonces cuando decidió caminar entre la gente. Podía sentir como con cada paso sus piernas sentían el pavimento debajo de ellas y podía sentir como la sangre y hasta la adrenalina fluía por su cuerpo. Oía voces pero no escuchaba lo que decían. Veía a la gente pero sin mirarla. Para él sólo existía su persona y todo lo que pasaba por su mente.

Al fin decidió caminar hacia donde todo un grupo de personas se reunía. A lo lejos oía algunas pláticas pero no entendía, o más bien no quiso poner atención a lo que se hablaba. Cuando se detuvo, empezó a respirar lentamente. Por su mente pasaron muchas imágenes pero las que más se repetían y lo hacían estremecerse, eran las imágenes de calles. Y fue cuando de pronto, se escuchó un disparo. Todos a su alrededor corrieron y sin pensarlo, él también lo hizo.

Poco a poco sus piernas empezaron a acelerar el ritmo de una música que sonaba en sus oídos. Aunque la multitud seguía junto a él, unos avanzando más rápido que otros, sentía que iba solo por la calle. La música en sus oídos se mezclaba con gritos de personas. Gritos que eran inintelegibles, pero que suponía eran gritos para animarlo. Y a cada paso, él respiraba y pensaba en seguir corriendo.

Nuevas calles aparecían a su paso. Junto a él, la multitud seguía avanzando, como si buscaran escapar. Algunos bajaban la velocidad mientras que otros se habían quedado en el camino. Una voz le susurraba números, pero después de escucharla mencionar el 8, o quizá fue el 7, la voz desapareció… aunque más bien fue su mente quién decidió ignorarla. El sólo sabía que tenía que seguir corriendo.

Con tanta gente, la música y las voces perdió la noción del tiempo. No sabía si llevaba unos minutos, horas o días corriendo. Sus piernas seguían moviéndose sin parar y, extrañamente, sin sentir cansancio alguno. Tal vez era la adrenalina o quizá, el deseo de llegar. Aunque por momentos la impaciencia se apoderó de él y entonces, sólo podía cerrar los ojos, respirar profundo y seguir adelante.

Llevaba ya mucho tiempo corriendo, el cansancio empezaba a apoderarse de él y fue cuando de repente, frente a él, apareció una pendiente. La calle subía, subía y subía y por unos instantes el terror apareció. ¿Y si no podía subir? ¿Y si, por esa subida, de nada hubiera servido correr todo lo que había corrido? Hubo quienes se detuvieron, pero otros siguieron adelante y eso lo impulsó a seguir. Respiró profundamente y siguió… siguió corriendo.

Y entonces, sus ojos vieron un túnel. Sonrió y aceleró el paso. Sus piernas querían detenerse pero su corazón latía con tal fuerza que ya no podía, ni quería, hacerlo. Estaba rodeado de la oscuridad del túnel y fue cuando a lo lejos vio una luz, esa luz que le indicada que estaba por llegar. Su corazón latió con mucho más fuerza, sus piernas aceleraron el paso y sonrió.

Al salir del túnel, un grito ensordecedor, proveniente de muchas gargantas, se apoderó del ambiente. Sentía sus pies golpeando la superficie y sabía que ya no podía detenerse. Frente a él estaban el arco y el reloj que marcaban el final de los 21 kilómetros que separaron la línea de salida con la de meta. Había llegado hasta el final. Había completado su primer medio maratón. Respiró, dio gracias, pensó que el año siguiente serían 42 kilómetros y fue entonces, cuando cerró los ojos.

inspirado en lo que viví al correr mi primer medio maratón. Medio Maratón de la Ciudad de México

el 25 de agosto 2013. propiedad de arturo jara ©ajara, 2013.

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~ por eljara en septiembre 12, 2013.

Una respuesta to “21 kilómetros”

  1. Jarita cada paso cada carrera tiene una magia creo que una de ellas es el encuentro con uno mismo, el sincronizar mente cuerpo alma nos da una libertad una tranquilidad que alimenta a nuestro ser y nos da equilibrio para enfrentar día con día la vida.
    Felicidades.

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