un domingo cualquiera…

era un domingo cualquiera cuando morna salió de su casa. la casa color azu, que ocupaba el número 22 de la calle acacia, esa pequeña calle que llevaba hasta el quiosco del pueblo. antes de cerrar la puerta, morna revisó la bolsa de su pantalón para cerciorarse que llevaba las llaves. era un buen día, como todos los domingos, para caminar, respirar aire puro y como decía ella, para pasarse en limpio.

pero este domingo se sentía diferente. las calles se veían vacías. los pájaros anidaban en silencio. morna notó que faltaba el bullicio característico del pueblo. sin risas, sin campanas, sin viento. incluso los árboles, los mismos árboles que cobijaban su andar, ahora yacían inmóviles y sus hojas no levantaban siquiera un murmullo. al llegar al quiosco, morna se detuvo un instante para admirar la quietud del pueblo. lo encontró desierto, totalmente inmóvil, sin vida.

morna suspiró, sonrió y decidió regresar a su casa. la casa color azul que ocupaba el número 22 de la calle acacia, esa pequeña calle que llevaba hasta el corazón del pueblo. regresó por el camino acostumbrado, como todos los domingos. siempre admirando la fachada de las casas y recorriendo las paredes con la punta de los dedos.

y fue entonces, que descubrió que algo había cambiado. junto a la casa color melón, que llevaba en la puerta el número 20, morna no encontró el número 22. ni siquiera encontró la casa azul. junto a la casa melón se podía ver la casa color girasol con el número 24. las dos casas unidas, pared con pared, alma con alma, sin rastros de la casa azul.

la casa azul, número 22, había desaparecido de su lugar. No es que se hubiera perdido el número solamente, sino que toda la casa había perdido su lugar en el espacio. morna se quedó inmóvil frente a la unión de las 2 casas, observando el espacio donde horas antes estuvo su hogar. se asomó a través de las grietas de las paredes como queriendo encontrar algún indicio de su casa azul. morna levantó los ojos, como queriendo encontrar su casa en el cielo. volteo a los lados y descubrió que todo seguía igual.

Al final, morna se sentó en la acera, cerró los ojos, suspiró y como en un domingo cualquiera dijo:

– no, no otra vez. espero que hoy, no tarde mucho en regresar.

y así, un domingo cualquiera, morna se sentó en la acera a esperar a que su casa color azul con el número 22 de la calle acacia, esa pequeña calle que llevaba hasta el quiosco del pueblo, regresara.

cuento escrito en marzo 2010.

inspirado en un sueño contado por bberrystop aka @Ladywriter100 aka norma.

espero que no me cobre regalías por haberlo tomado.

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2010.

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~ por eljara en marzo 22, 2010.

3 comentarios to “un domingo cualquiera…”

  1. Está hermoso este cuento, en serio no sé que decir, ojalá se me hubiera ocurrido a mi. En mi cabeza era aterrador pero el personaje va tan tranquila, en su nube personal, se sienta a esperar suspirando. Creo que la tomaré de ejemplo quiero ser así de tranquila. Muchos saludos. Bberrystop.

  2. que bueno que te gusto. al final tú diste la idea para el cuento. Aquí la protagonista es mucho más tranquila porque como contaste, ya has soñado con eso varias veces. Así que aquí ella ya lo ha vivido por eso suspira y se sienta a esperar.

    saludos

  3. Muy bueno, aunque me deja intrigado la naturalidad con la que tomó la desaparición de la casa.

    Saludos

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