el rastro

•enero 28, 2015 • Dejar un comentario

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– ¿Y si nos perdemos? – preguntó la niña.
– Dejaré un rastro, como la otra vez – respondió su hermano.
– Pero esa vez fue diferente. Estábamos en el bosque. ¿Cómo lo haremos estando en el Cielo? – dijo la niña con una lágrima.
– Ya se me ocurrirá algo Gretel, ya se me ocurrirá algo –

 

cuento escrito en enero 2015.

foto por arturo jara

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2015.

infierno

•enero 3, 2015 • Dejar un comentario

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…y lentamente fue acercándose a la fogata sin poder quitar la vista del fuego, sabiendo que tenía que acostumbrarse a esas llamas para cuando llegara su momento de irse al infierno…

cuento escrito en enero 2015
Foto por Arturo Jara
Arturo Jara 2015

y habrá una luz…

•julio 19, 2014 • Dejar un comentario

y entonces recordó que alguien, algún día, en algún lugar le dijo, que siempre habrá una luz que nunca se apagará.

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cuento escrito en julio 2014.

foto por arturo jara

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2010.

el segundo camino

•julio 19, 2014 • Dejar un comentario

y siguió el camino hasta que llegó al final… su final.

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cuento escrito en julio 2014.

foto por arturo jara

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2010.

el primer camino

•julio 19, 2014 • Dejar un comentario

y entonces tomó el camino pensando que, tal vez, ahí encontraría lo que siempre había buscado… a él.

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cuento escrito en julio 2014.

foto por arturo jara

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2010.

la niña…

•julio 18, 2014 • Dejar un comentario

y con la mirada perdida, la niña miraba al horizonte en busca de su rostro…

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cuento escrito en julio 2014.

foto por arturo jara

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2010.

el vapor de las calles

•abril 30, 2014 • 2 comentarios

– mira, volvió a salir vapor por la coladera – dijo daniel, con una cara de gran sorpresa.

– ah sí, ya lo vi – respondió gerardo, pero con un tono de desinterés que nunca había mostrado. para é´l, no había nada más emocionante que ver el vapor salir por las alcantarillas. pero esta vez, fue diferente, sólo se encogió de hombros y decidió voltear para otro lado.

– ¿y ahora tú muchacho? – le preguntó don camilo, – ¿qué pasa? siempre sonríes con el vapor, ¿por qué ahora estás como agüitado? don camilo, es abuelo de daniel y por adopción, de los demás amiguitos que desde que se acuerdan lo llaman abuelo. siempre estaba sentado, en su vieja mecedora, a la orilla de la calle viendo jugar a su nieto y a sus amiguitos. sonreía ante las ocurrencias de los escuincles, bromeaba con ellos y de vez en cuando, si se portaban bien, les contaba una vieja historia… de esas que ya nadie cuenta en estos tiempos.

– ay abuelo camilo – dijo gerardo –  es que yo siempre pensé que había algo mágico detrás de ese vapor, pero… – gerardo bajó la vista y algo murmuró.

– ¿qué dijiste? – preguntó paco, otro de los amigos de la cuadra.

– sí, mijito… ¿que dijiste? – le dijo don camilo, mientras se tocaba la oreja con el dedo como para que recordaran los niños que por su edad, ya no escuchaba como antes.

– pues que yo pensé que había algo mágico en ese vapor, pero mi papá ya me dijo que no – respondió a regañadientes. – Dijo que no había nada mágico, que era agua cayendo en tuberías calientes o no sé que jalada así. Así que ya no es igual -. todos los amiguitos se quedaron con cara de desconcierto. No podían creer lo que estaban oyendo. Se habían hecho tantas historias alrededor del vapor de las coladeras, para que ahora saliera con que sólo era el agua pasando por tuberías. No podía ser verdad.

– ay, estos adultos de ahora – dijo don camilo entre un acceso de tos. – los adultos de ahora creen que lo saben todo y con su ciencia y no sé que más inventan cada cosa… – continuó el viejito mientras tosía – si tan solo trataran de recordar…

los niños se le quedaron viendo a don camilo, parte porque esa tos se oía fea y esperaban que no le fuera a pasar nada, pero también porque parecía que don camilo sabía la verdadera razón de que saliera vapor de las coladeras.

– no le hagas caso a tu papá – dijo don camilo viendo a gerardo.- eso le pasa por ponerse traje y apretarse la corbata tanto en el cogote que el aire ya no sube y les mata partes del cerebro.

– pero, abuelo, tú sabes por qué sale ese vapor – preguntó daniel.

– ¿es por el agua, como dice mi papá? – dijo gerardo con la esperanza de que su papá le hubiera mentido.

– cuéntanos, abuelo camilo – dijo emocionado nachito, el más pequeño del grupo – anda.

todos los niños se acomodaron esperando a que el abuelo terminara de toser y les quisiera contar la historia que tanto habían querido escuchar. don camilo los miró e hizo un gesto de que se fueran, pero ya era tarde. había abierto la boca de más y ya había sembrado la duda en los pequeños y sabía que, era mejor contarles todo de una buena vez, a tenerlos merodeando todos los días y con súplicas insistentes con esa voz chillona que caracteriza a los niños cuando quieren conseguir algo.

– pero me tienen que prometer varias cosas antes de que les cuente nada – dijo don camilo con un tono que sonaba mitad a regaño y mitad a complicidad.

– ¡síííííííííííííí! – gritaron al unísono el grupo de amiguitos, a los cuales les brillaban los ojos como a quien está a punto de descubrir el misterio más importante de la vida, y para ellos… eso era.

– primero, nada de interrupciones y preguntas. segundo, no pueden decirle a los adultos y menos a sus papás la historia que les voy a contar, ellos la conocen y si no la recuerdan es problema de ellos. y por último, nada de ir a hacer investigaciones ni a meter la nariz donde no se les llama -. amenazó don camilo entre accesos de tos y miradas penetrantes.

todos los niños se acomodaron alrededor de don camilo, quien empezó su relato con voz muy baja, pero conforme avanzaba la historia la voz se le aclaró, la tos desapareció y hasta le brillaron los ojos. los niños lo miraban sin parpadear y se empezaron a dibujar sonrisas en la cara de los pequeños que no perdían ningún detalle a lo que contaba don camilo, quien seguía con su relato y que sólo bajaba la voz o se inventaba un acceso de tos, cuando veía que algún adulto pasaba cerca de ellos. el viejito tenía atrapado a los niños en su historia cuando de pronto…

– ¿¿¿!!!!!un dragóooooooon!!!!??? – gritaron todos.

– shhhhhhhhh – don camilo se llevó el dedo a los labios pidiendo a los niños que se callaran mientras algunos de los pequeños se llevaban la mano a la boca y volteaban a ver a todos lados para ver si  alguien los había escuchado. como era de esperarse, los adultos que estaban cerca ni siquiera se dieron cuenta.

– pero, pero… ¿sí es un dragón abuelo? – preguntó daniel – ¿estás seguro?

– claro, y todos lo saben – respondió don camilo entre un acceso de tos, mitad fingido, mitad real.

– pero… entonces por qué, si mi papá lo sabe… me dijo otra cosa – preguntó gerardo, un poco confundido.

– bah… porque tu papá… bueno, porque todo mundo cuando crece se sienten muy grandes y hacen lo posible por olvidarse de las cosas que valen la pena- refunfuño don camilo – les interesa más lo que compran y se olvidan de lo importante… si tan solo… – don camilo, en ese momento, se quedó pasmado viendo a lo lejos, hacia el horizonte… la mirada perdida donde se notaba un dejo de nostalgia.

– y si… ¿le pregunto? – dijo gerardo en voz baja

– ¡¡nooooo!! – los amiguitos le respondieron pelando los ojos

– abuelo camilo, nos dijo que no lo hiciéramos – dijo nachito, pero todos vieron que don camilo los miró con una sonrisa de complicidad.

– díselo… a ver si le ayudas a que recuerde cuando conoció al dragón – dijo don camilo entre dientes y con un acceso de tos, pero sabía que los niños lo habían escuchado – y ahora déjenme que ya me quiero ir a dormir.

– ¿mi papá conoció al dragón? – preguntó gerardo – y entonces por qué me dijo lo que dijo.

– ya te lo dije… porque ya se le olvido… – murmuró don camilo y después de sonreirle dijo algo en voz todavía más baja que sólo él pudo escuchar – y porque ya se le olvidó lo que es ser niño.

y después de esto, se levantó de su mecedora y lentamente se metió a su casa refunfuñando… como siempre cuando habla mucho tiempo con la gente.

todos los niños voltearon a ver a gerardo, que estaba sorprendido al saber que su padre sabía la verdad y después de ver a sus amigos se levantó y se fue corriendo a su casa. estaba confundido y hasta una lágrima había en sus ojos.

gerardo abrió la puerta de su casa, entró a toda velocidad y fue al despacho de su papá. gerardo se quedó parado, por unos instantes, en la puerta y caminó lentamente hacia su papá, que estaba sentado, en su escritorio, leyendo el periódico.

– ¿qué pasó, mijo? ¿por qué traes esa cara? – le sonrió su papá.

– ¿es cierto?… ¿es cierto… que el vapor de las calles… – habló entrecortadamente gerardo – …es por un drag…?

el papá de gerardo bajó el periódico y miró fijamente a su hijo que estaba parado, frente a él, con la inocencia en su cara – ¿quién te ha dicho eso? – le preguntó mientras le daba un sorbo a su trago de café.

– el abuelo camilo. nos dijo sobre el dragón y nos dijo también… que tú lo sabías. – respondió gerardo sin quitarle la vista a su papá – y nos dijo… que ya lo habías olvidado, que ya habías olvidado lo que era ser un niño.

– ay, ese viejito y sus historias seniles – dijo el papá de gerardo. pero de repente, vio la cara de desconcierto de su hijo. entonces cerró los ojos, respiró y después, abrazó al niño, le dio un beso en la frente y le dijo algo tiernamente – ve a tu cuarto chaparro… luego te platico todo.

gerardo vio a su papá a los ojos y notó un poco de tristeza en su cara, así que no dijo nada más, salió del despacho y se fue a su cuarto. el papá lo vio alejarse, cerró la puerta de su despacho y se sentó detrás de su escritorio. no sabía, a ciencia cierta, lo que le había confundido más… que gerardo supiera la historia de don camilo, que supiera que él conocía la historia o que don camilo dijera que se le había olvidado la historia y eso de ser niño.

el papá de gerardo sacó una llave con la que abrió el último cajón de su escritorio y sacó una caja metálica. estuvo contemplándola por mucho rato hasta que por fin la abrió. no podía apartar la mirada de lo que había en el interior. Se levantó y salió de su despacho hacia el cuarto del pequeño. abrió la puerta de la recámara de gerardo y se sentó en la cama con él. se vieron a los ojos por un buen rato y entonces el papá dijo algo:

– sólo me tienes que prometer que nunca se te va a olvidar esta historia, que nunca vas a olvidar todo lo que has vivido hasta ahorita, todo lo que has imaginado… pero sobre todo que nunca vas a olvidar que siempre… siempre debes seguir siendo un niño.

y fue entonces cuando abrió la caja y sacó el pedazo de piel y la garra de dragón que había guardado ahí desde que era un niño.

 

cuento escrito en abril del 2014.

hacía muchos años tenía esta idea de escribir este cuento sobre el vapor que sale por las coladeras en las calles de muchas ciudades. por fin lo escribí y me gustó.

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2014.