un millón de años

•Noviembre 27, 2009 • 3 comentarios

el amor es confianza, honestidad, alegría,

pero sobre todo paciencia,

porque el que ama sabe esperar.

no importa el tiempo,

el que ama sabe esperar.

y así sean un millón de años,

un millón de años esperaré por ti.

 

Por tenerte a mi lado,

por sentir el calor de tus labios

y la suavidad de tu cuerpo

junto al mío.

 

no importa el tiempo…

mi amor esperará al tuyo.

y así sean un millón de años

un millón de años esperaré por ti.

 

esperaré tus caricias, tu voz

tu sonrisa, un te amo

y una mirada que me hable de ese amor.

 

no importa cuánto, yo esperaré

así sean un millón de años,

un millón de años esperaré por ti.

 

porque sé que en todo ese tiempo

nunca encontraré alguien como tú

y así pasen un millón de años,

un millón de años esperaré por ti.

 

poema escrito en el ‘99, después de una fiesta sorpresa que organicé para

Andrea Dávila… que hoy es mi esposa. Nos casamos en el 2002.

Así que afortunadamente no tuve que esperar un millón de años.

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2009.

huellas

•Noviembre 27, 2009 • Dejar un comentario

una lágrima ha caido

dejando un rastro de fuego,

quemando el alma

incendiando el deseo.

 

poema escrito en el ‘95.

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2009.


nostalgia de ti

•Noviembre 27, 2009 • Dejar un comentario

tu imagen de nuevo en mi mente,

hace temblar mi alma.

Es el aura que envuelve

el todo de tu cuerpo.

 

la suavidad de tus ojos,

tu sonrisa transparente,

lo imperceptible de tu aroma,

lo etéreo de tus labios.

 

un deseo frustrado

por una ausencia prolongada.

el dolor de un corazón.

el llanto del alma.

 

escrito en el ‘95

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2009.


poemas

•Noviembre 27, 2009 • Dejar un comentario

en esta noche de tormenta,

cierro los ojos y recuerdo

todo aquello que he escrito…

y al escribir de nuevo unas líneas

espero sean las últimas

que hagan sangrar mi corazón.

pero aunque duela,

debo escribirlas,

porque los poemas

son un refugio donde se pone fin al sufrimiento

y al dolor de un alma de un alma que agoniza.

el ser se refleja en los poemas

que se riegan con risas y con lágrimas

donde se plasma toda una vida

y donde toda una vida, se acaba.

escrito en el ‘93, claro la versión original, este ya es una versión revisada

pero conservando la misma esencia. Lo escribí cuando alguien me preguntó

el por qué me gustaban los poemas y creo que aquí queda bien plasmado.

todos estos poemas son propiedad de arturo jara ©ajara, 2009.

inmóvil

•Noviembre 21, 2009 • 1 comentario

ahí estaba ella. como siempre, sentada en su silla viendo los árboles del parque. los mismos árboles de ayer, de antier y de mañana. como todos los días, ahí estaba ella. sentada. inmóvil. imaginando que los árboles también la veían.

la gente, al pasar, a veces la miraba. ella prefería fingir que no los veía. por eso, sólo veía los árboles. sin embargo, le gustaba ver a las mamás con sus carreolas e imaginaba que caminaba junto a ellas. los niños le sonreían y se iban corriendo. ella miraba con ternura como corrían detrás de la pelota. los jóvenes caminaban acomodándose el pelo y la ropa y al pasar frente a ella bajaban la mirada. ella, intentaba sonreírles y hacerles saber que ella guardaría el secreto.

a veces los pájaritos se acercaban, más por conseguir algo de comida que por verla a ella. sin embargo, ella no se movía. ni siquiera parpadeaba cuando soplaba el viento en su rostro. un rostro frío como el metal, como el marmol. un rostro sin expresión, inmóvil. con la mirada fija a los árboles. a veces una lágrima resbalaba por su mejilla. una lágrima que siempre la gente confundía con las gotas de lluvia otoñal. y sin embargo, jamás perdía su inmovilidad, ni su mirada absorta hacia la nada. como siempre.

y como siempre, ahí estaba ella. sentada. viendo los árboles del parque. sabiendo, dentro de su cuerpo de metal, que  ella jamás podría caminar junto a las carreolas. que jamás podría correr detrás de la pelota con los niños. y que siempre sería un cómplice mudo de los jóvenes. y siempre inmóvil. sólo mirando a los árboles.

los mismos árboles de ayer. de antier. de siempre.

cuento escrito en noviembre 2009. lo más reciente que he escrito. lo que marca el “regreso” a escribir.

propiedad de arturo jara ©ajara, 2009.